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¿Es posible un sistema de valoración social a lo Black Mirror?

¿Crees que las distopías planteadas en la popular serie Black Mirror podrían convertirse en nuestra realidad? A China parece gustarle la idea, ya que se ha tomado muy en serio la creación de un sistema de valoración social para sus ciudadanos… Todo muy del estilo de Nosedive, primer capítulo de la tercera temporada de la serie creada por Charlie Brooker.

En este mundo planteado por Black Mirror, aquello a lo que pueden acceder los ciudadanos (un trabajo, una casa o un coche de alquiler) depende de la puntuación de su actitud por parte de sus congéneres. Cada interacción con otra persona acaba con una valoración del 1 al 5, por lo que la mayoría de la población se esfuerza al máximo por tener una buena actitud y ser amable. Un falso mundo de color de rosa que pone a prueba a la protagonista y sus sueños.

Gracias a este sistema de puntuación, los habitantes del gigante asiático serán catalogados según sus ingresos, deudas, compras y opiniones políticas. Tener multas de tráfico, hacer una publicación en Internet en contra del gobierno o jugar demasiado a videojuegos en línea serán motivos de sanción.

Desde el gobierno aseguran que recogerán los datos personales, sociales y económicos de los ciudadanos para asignarles un “índice de fiabilidad” que promueva el buen comportamiento y una “cultura de sinceridad”.

Traducción: sancionar a nivel social y económico a las personas “no confiables”, moviéndolas hacia ciertos comportamientos más “aceptables”. Una mala puntuación puede impedir que el ciudadano llegue a un cargo público, reciba un préstamo, entre en determinados hoteles, restaurantes, universidades o incluso que puedan comprar un billete de avión.

¿Lo más curioso? Que los ciudadanos parecen estar totalmente de acuerdo con estas medidas.

 

¿Llegarán estos sistemas de valoración social a afectarnos algún día?

Podemos preguntarnos si esta clasificación ciudadana se aplicará a las empresas que operen en territorio chino. E incluso si los extranjeros que vivan en el gigante asiático deberán adaptarse también a este sistema. Sin embargo, me parece interesante preguntarte si crees que esto llegará a tu país algún día. ¿Se aplicará en el “mundo occidental”?

Al menos por el momento y en Europa, parece que el nuevo Reglamento General de Protección de Datos “evita” que gobiernos o empresas privadas puedan utilizar los datos personales de los usuarios para “organizarlos” y “categorizarlos”. Sin embargo, esto no significa que nosotros mismos no lo hagamos.

 

¿Estamos como usuarios promoviendo estos rankings en redes sociales?

Hoy en día no necesitamos que nos espíen para que nuestros congéneres lo sepan todo sobre nosotros. Ya nos encargamos de informar en las redes sociales de todas las maravillas que suceden en nuestro día a día.

Ahí está la clave: la distorsión de la realidad que provoca esa necesidad compulsiva de compartir el minuto a minuto y de mentir para que todo parezca mejor. Aunque no exista un ranking de valoración social oficial, nuestro comportamiento nos encasilla a nosotros mismos y a los que están a nuestro alrededor.

Pero no solo los adolescentes pueden sufrir las consecuencias del bulling a través de las redes o la presión de mostrar vidas perfectas. Los adultos como tu y como yo podemos vernos afectados a nivel emocional y también laboral: un solo comentario desafortunado puede llegar a destruir nuestras posibilidades de conseguir un contrato.

 

¿No es esta una forma de control sobre lo que hacemos y decimos?

Al final, somos nosotros mismos los que nos autocensuramos por temor al “qué dirán”. Mostrar una realidad falsa, mentirnos a nosotros mismos y a nuestros seguidores, no nos hace ningún bien: solo socava nuestra autoestima y pone en pie de guerra a aquellos que se dan cuenta del engaño.

El uso de las redes sociales es tan importante actualmente que se hace imperativo educar a la sociedad en su uso correcto y controlado. Los usuarios deben saber lo que hacen y las repercusiones que pueden tener sus comentarios o las fotografías que suben. También tienen que aprender a moderarse, a ser sinceros y, en definitiva, a hacer un uso responsable de estas plataformas. Es el único camino para conseguir que el espíritu de Internet se mantenga intacto, respetando la libertad del individuo sin coartarlo, pero también buscando la verdad y dejando siempre una parcela a la privacidad.

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